La cena que no se acaba
La casa a la que todos quieren venir a cenar
La luz cae de arriba y se reparte: las caras se ven bien, parece un comedor y no un patio con una bombilla. El techo recoge el sonido, así que la conversación no se dispersa y hablas más bajo. La gente se queda hasta las dos en vez de recoger a las once.